Desde hace siglos, cada 8 de diciembre se conmemora el Día de la Inmaculada Concepción. No voy a entrar en detalles sobre el hecho porque nunca terminó de quedarme claro y a esta altura poco me importa. También es el día de celebración de Oxum, dueña de las aguas dulces, sin la cual la vida sobre la Tierra no sería posible. O sea, es un día para la celebración de la fuerza de lo femenino. Todos –creyentes o no– tenemos nuestro panteón divino y el mío es extenso y hereje. Una de mis diosas o santas particulares es Dorothy Parker.
” I like to have a Martini, two at the very most.
After three I’m under the table, after four I’m under my host!”
Esta es una de las muchas frases por la que se le recuerda, una imagen ácida de sí misma, pero que Parker disfrutaba de alimentar. Ella, la única mujer en medio de un grupo de hombres que en los años veinte se juntaban en el neoyorquino Hotel Algonquin . Un grupo que, a puro trago, compartía horas en torno a una mesa que les ganó el mote de “El círculo vicioso”. Ella, que murió en una habitación de hotel a los 73 años, prácticamente sola como un perro. O casi, porque su única compañía era uno de esos perros chiquitos a los que se les dice faldero.
Dottie fue prolífica: poetisa, guionista, reseñista literaria, dramaturga. Si bien no firmó ninguna novela, en narrativa ejecutó sus magistrales relatos cortos, muchos hechos a medida y a pedido. “Escribo por dinero”, puntualizó en una entrevista a The Paris Review, y agregó: “vivir en una buhardilla no le hace ningún bien a nadie, a menos que sea una especie de Keats”. Cuando le preguntaban en qué se inspiraba para escribir, contestaba: “En la necesidad de dinero, cariño”. Escribió para Vanity Fair, Vogue, New Yorker y Esquire.
Se casó dos veces, tuvo algunos abortos (ningún hijo) y un par de intentos de suicidio. Era famosa por borracha [sí Anita, otra más] y por tener una larga lista de amantes.
Durante décadas quedó relegada en el cajón de las frases agudas (“Las dos palabras más importantes del idioma inglés son: cheque adjunto” es una, “Mujeres y elefantes nunca olvidan” es otra), finalmente ha ganado el reconocimiento, aunque poco le sirva porque ya está muerta y enterrada bajo el epitafio “Discúlpenme el polvo”.
“La gran rubia”, “Ha nacido una estrella”, “Suficiente soga”, “Muerte e impuestos” y “No tan profundo como un pozo” son algunos de sus textos. Los tardíos beneficiarios de sus reediciones son los miembros de NAACP (Asociación Nacional para el Desarrollo de las Personas de Raza Negra), a quienes legó sus derechos. Algo acorde con el perfil de una radical feminista y libertaria, que defendió públicamente a Sacco y Vanzetti y a la causa republicana española, y que compartió ideales tanto con Hemingway como con Scott Fitzgerald. Políticos y etílicos en un caso, etílicos y estilísticos en el otro.
En su testamento, designó a su amiga Lillian Hellman, escritora y mujer de Dashiel Hammet, el cargo de albacea literaria y eso dio como resultado una historia un tanto bizarra que se puede leer en esta nota.
Ella, Dorothy Parker, soldado desconocido de la agudeza, la misma que dijo “Cualquier mujer que aspire a comportarse como hombre, seguro que carece de ambición”, es mi elegida del día.



Acá se puede leer uno de sus relatos breves, en español. http://www.barcelonareview.com/34/s_dp.htm
parece que compartimos santoral!!!
Comentario por anita — diciembre 18, 2009 @ 7:10 pm |