Empieza diciembre y me resurge la idea obsesiva de comprarme un pasaje a la luna, sólo de ida. Convencida de que no es muy factible –soy claustrofóbica-, desconecto teléfonos, porteros eléctricos y todo lo que me deje a merced de amigos, familiares y testigos de Jehová.
Me tiro en un sillón a leer Escritores de cine, de José María Aresté, y voy al capítulo que habla sobre uno de mis favoritos: William Faulkner.
Descubro que fue el guionista de The big sleep, una peli de Howard Hawks sobre una novela de mi amadísimo Raymond Chandler que empieza así:
Eran aproximadamente las once de la mañana de mediados de octubre sin sol y con una copiosa lluvia en la claridad al pie de las sierras. Llevaba mi traje azul pólvora, camisa azul oscura, corbata y un pañuelo en el bolsillo, zapatos gruesos y negros, medias negras de lana, con cuadrados azul oscuro. Estaba prolijo, limpio, afeitado y sobrio y me importaba muy poco quien lo supiera. Era en todo el detective privado tal cual debe ser. Iba a pedir cuatro millones de dólares.
Te juro que empezás a leerla y no parás hasta el final.
Pero estaba hablando de la peli. Resulta que Hawks llamó a Faulkner para el guión, ya que lo consideraba un guionista excepcional, aunque un poco errático. Para solucionar ese detalle contrató a otro guionista para que colaborara con Faulkner: Leigh Brackett, autor de una novela policíaca durísima que le había encantado, No Good from a Corpse. Grande fue su sorpresa cuando se encontró con que el escritor era en realidad una escritora de 28 años cuya experiencia en Hollywood no pasaba de un par de guiones para peliculitas de miedo. Lo extraño fue que cuando los dos se pusieron a trabajar en el guión, se encontraron, en palabras de Brackett, con que el libro “es muy confuso, […] si empiezas a fragmentarlo para ver cómo es en realidad, resulta incoherente”. Por lo visto, el lío era tal que en un momento dado Hawks le envió un telegrama a Chandler para que le aclarase quién había matado a un personaje. El propio autor de El sueño eterno reconoció entonces que le habían quedado “algunos cabos sueltos”; hasta los dioses se equivocan. Pero lo que más me impresionó fue saber que el primer borrador del guión estuvo listo en dos semanas. Revisado y entregado en… ¡otras dos! O sea, que el guión definitivo de la película se escribió en un mes. Chupate esa mandarina.
Totalmente recomendable el libro Escritores de cine para conocer las internas de los guiones cinematográficos, aunque dudo que se encuentre en plaza. Lo que sí está es la novela de Chandler, por la peli insistan con su dealer de DVD’s que seguro la consigue. Acá les dejo el trailer.
jajajjjyuua! muy buena la anécdota, pero te diste cuenta que todos los que te gustan son borrachos?
Faulkner, Chandler, Bogart y Bacall…
Comentario por anita — diciembre 3, 2009 @ 5:37 pm |
no son borrachos. Son lúcidos
Comentario por piel roja — diciembre 12, 2009 @ 1:02 am |
por qué, por qué , por qué no vivimos en los 50?????!!!!!!!!!. O en los 20 al menos…
Comentario por piel roja — diciembre 13, 2009 @ 3:51 pm |